El típico anuncio en prensa o internet muestra una gran imagen, llamativa y a ser posible sorprendente, con un pequeño texto abajo, a veces solamente el claim de la marca. No hace falta contarle nada al consumidor, con sugerirle es suficiente.

Creo que la idea de que una imagen vale más que mil palabras se ha llevado al extremo y se ha desvirtuado. El lenguaje, la redacción, tiene una capacidad de impactar y emocionar al menos tan fuerte como la imagen, permite ser más preciso y, si está bien escrito, cuenta la historia de la marca mientras deja espacio para la imaginación del lector.

Es cierto que la mayoría de la gente solo lee los titulares y hojea las revistas o las páginas web leyendo en diagonal. Pero a una marca no le interesa “la mayoría de la gente”, le interesan aquellos que en ese momento buscan un producto como el suyo, y esas personas quieren leer un mensaje amplio y coherente sobre lo que van a comprar.

Escrito en BAJO LA LINEA – Blog sobre marketing below-the-line

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