Esta mañana, al levantarme, he leído en Mashable un artículo que luego ha comentado Enrique Dans acerca de cómo consultan las empresas nuestros perfiles sociales antes de contratarnos. Dejando al margen que primero entro en Internet y luego desayuno (tendencia de la cual también escribieron en Mashable y también comentó Enrique Dans), me vino a la cabeza una noticia (hoy me estoy luciendo con los enlaces) medio graciosa, medio preocupante que salió hace unas semanas acerca de una chica que había despotricado de su trabajo en Facebook sin recordar que tenía a su jefe agregado. El susodicho boss la despidió por Facebook, muy convenientemente.

Recuerdo cuando salían constantemente noticias de este tipo en los periódicos, o cuando contaron que el speechwriter de Obama había subido fotos a Facebook besando a una Hillary Clinton de cartón. Siempre me reía mientras pensaba “eso no me pasará a mi”, “yo nunca seré tan tonto de cometer ese error” y cosas por el estilo.

Afortunadamente, la vida me puso en mi sitio. Digo afortunadamente porque esto que voy a contar me podría haber pasado dentro de 20 años, cuando fuera Presidente del Gobierno (o consultor de comunicación) y entonces la lección me hubiera salido cara. Afortunadamente, pues, me pasó hace un par de meses, cuando yo era un jovial operador digital en una empresa de comunicación. Esto del operador digital es un cachondeo, porque ni mis propios jefes sabían lo que quería decir. En teoría es un tipo que se dedica a estar todo el día machacándose las redes sociales para posicionar positivamente un producto en Internet. Como el típico spammer pero mucho más refinado y sutil.

Así pasaba yo mis días escribiendo sobre las virtudes de diferentes coches, helados, aerolíneas y cosas así de peregrinas cuando, hete aquí que un día me asignaron la cuenta de un nuevo producto. Este producto era un teléfono móvil con pantalla táctil de una marca que, para cubrirme las espaldas, llamaremos Alcatel. Como operador digital mi labor consistía en probar a fondo el teléfono y luego invadir los foros especializados, las redes sociales y los blogs cual españolito cualquiera para que todo el mundo supiera lo cojonudo que era el Alcatel XYZ. Debo resaltar que cumplí con mi deber como el más celoso de los empleados, poniendo todo mi esfuerzo en resaltar los puntos fuertes del teléfono y minimizar los débiles a la vez que proponía nuevas alternativas para ensalzar el producto.

Se me ha pasado decir que el tal Alcatel XYZ era tan malo que parecía un insulto.

No me voy a extender en por qué el teléfono era malo. Este blog no es para eso. Simplemente me parece necesario comentar que yo me esforcé al máximo en promocionar el teléfono a sabiendas de que era un aborto. Se podría decir que fui un tío profesional y leal.

El problema vino cuando, debido a mis incipientes exámenes finales, me despedí del trabajo y devolví el teléfono. No estaba mi silla fría cuando ya había escrito en mi Twitter lindezas del tipo “menos mal que ya me he librado del puto Alcatel“, “menuda inmundicia de teléfono” o “no me creo que los de Microsiervos le hayan dado cinco estrellas, vaya unos vendidos” (este último punto era muy certero, más cuando fue mi agencia la que eligió a Microsiervos para que hicieran la review).

Realmente fue algo muy poco profesional. En mi defensa sólo puedo decir que yo acababa de empezar con Twitter y no estaba muy puesto en su funcionamiento, pero el tema es que al día siguiente me llamó mi ex-jefe (incidentalmente, también era mi actual profesor) hecho una hidra. Parece ser que los tipos de Alcatel tenían a un chimpancé escrutando Twitter continuamente a ver qué se decía en la nube sobre el telefonito de marras. El chivato se encontró con mi comentario, ató cabos y los de Alcatel llamaron a mi ex-empresa a preguntar que qué coño de servicio era ese en el que los operadores digitales ponían a caldo al cliente. Se montó la mundial, en mi ex-empresa dijeron que yo en realidad no trabajaba directamente para ellos, si no que era un blogger que estaba probando el teléfono, y mil movidas más. Al final la cosa no pasó a mayores y los de Alcatel no cerraron la cuenta con mi ex-empresa; yo saqué un 9 en la asignatura de mi profesor (en contraposición a la merecida Matrícula de Honor para la que ya tenía el hueco listo en mi pared) y lo consideré un coste muy bajo para la gran lección que acababa de aprender. Me daba con un canto en los dientes de haber salido tan bien parado, vamos.

La conclusión de todo esto es que en Internet nunca se puede fiar uno. Siempre hay alguien mirando y lo mejor que podemos hacer es procurar ser lo más celosos que podamos de nuestra intimidad, nuestra privacidad y nuestras opiniones. Si no dejaríamos a un extraño que entrase en casa a ver nuestros álbumes de fotos o a leer las cartas que nos escriben nuestros amigos, no tenemos que ser menos en Internet. La red de redes es una maravillosa fuente de conocimiento, pero puede ser muy peligrosa si no sabemos controlar la información que emitimos.

Al final, como con todo, eso que nunca me iba a pasar a mi me acabó pasando justo a mi. De libro.

Post Scríptum: Si por ventura alguno de los señores de LG leyera esto, por favor no la tomen con mis ex-jefes. Bastante mal lo pasaron por unas opiniones que eran completamente mías. Después de todo, ellos no tenían la culpa de que yo pensara que el LG Arena era un aborto. Para más información en mis opiniones sobre el teléfono pueden consultarme por e-mail.

OFFTOPIC: A todo esto, el otro día me di cuenta de que el feed de este blog saca los posts cortados, cosa que a mi me molesta profundamente cuando lo leo en otros sitios. Como a mi no me importan nada las visitas (tengo una media de 2 diarias) lo he quitado en aras de la comodidad de los suscriptores (son 2) al blog. Si no funciona y sigue saliendo cortado avisadme en los comentarios para que tenga una conversación de hombre a máquina con Mr. Feedburner.

Escrito en marketing « WordPress.com Tag Feed

Ir al contenido original

– Si te gustó el artículo, deja una marca social y enseñaselo al mundo. Todos te lo agradecerán, ¡No lo dudes! –