Es universal, sucede igual en todas partes, es una norma de comportamiento clásico por parte de los clientes (solicitantes) que crean que los diseños presentados por los diseñadores gráficos para sus distintos proyectos de publicidad y / o promoción puedan ser ajustados, manejados y cambiados con suma facilidad como por arte de magia.  Es el constante uso de programas básicos como el Word o el Excel que los hacen pensar tales cosas.  En un mundo de “copy-paste” es fácil creer tal cosa; pero del dicho al hecho hay un gran trecho. Borrar elementos, pegar nuevos, cambiar el tamaño de un anuncio, inclusive de pequeño a grande; es algo que no implica trabajo, según los solicitantes, pero que lleva horas de arduo trabajo frente al ordenador.

Hace poco participé en un concurso internacional de diseño de portadas para libros.  Tuvimos la oportunidad de ver los trabajos de otros diseñadores y viceversa.  Desde que vi el trabajo de un artista jamaiquino quede totalmente pasmado por la calidad, el contenido y el dominio de los distintos elementos de diseño que había utilizado. Por un momento dude de continuar en la competencia con él como contrincante.  Una y otra vez revisé su trabajo y cada vez más  y más pensaba “para que continuar con él aquí”.  Cuál fue mi sorpresa, al siguiente día el jurado lo eliminó sin ranquearlo o darle un solo comentario.  Lo mismo hicieron con lo mío.  Horas de trabajo se quedaron casi que tirados en la cesta.

Lo mío aunque me costó asimilarlo no fue lo sorprendente.  Fue la actitud de los jueces al eliminar sin motivo alguno el trabajo del caribeño.  Una joya paso por sus manos y no tuvieron la capacidad de reconocerlo.  Qué lástima.  Esa portada hubiera vendido el libro aunque el contenido del mismo hubiera sido basura.

De igual forma vemos hoy como el alma artística de todo trabajo de diseño que se utilizará para publicitar o promocionar productos o servicios, pasa por el mismo proceso de aniquilamiento.  Al final es tan fácil para el solicitante quitar y poner elementos en un anuncio, como borrar una línea en Word o ingresar una fórmula en Excel.  No es de extrañarse luego que el anuncio no venda, no se grabe en la mente del consumidor, no atrape miradas, no cuaje.  Después, lo de siempre, se despedirá al diseñador porque no tuvo el “toque mágico”.

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