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Hace unos días comentaba con unos colegas sobre la calidad de los “póster” que vemos habitualmente en los congresos y reuniones científicas-técnicas. Yo aportaba mi punto de vista histórico (tampoco tanto) y recordaba que en alguna ocasión tuve que llevar un póster hecho con folios, pegados sobre cartulinas.

En el departamento (microbiologia) acabamos de comprar la primera impresora a color: una HP Deskject 550. Yo también llevaba poco tiempo con mi tesis y (ahora lo veo) aún no me había contaminado con los hábitos y costumbres de comunicación al uso. En ese momento mis compañeros, más experimentados, normalmente imprimían los grandes carteles por partes, que luego cuidadosamente casaban para intentar que las uniones no fuesen evidentes. Creo que fue por el poco tiempo que dedique al diseño de ese póster, pero al final decidí que me gustaba más el efecto que se lograba separando las ideas que quería presentar. Cada una iba en su propio espacio (un folio) convenientemente remarcado (marco de cartulina). El flujo de lectura, que yo creía natural, estaba forzado por una serie de flechas recortadas de la misma cartulina. Mi esperanza era que siendo tan “naif”, al menos llamaría la atención, por original, y alguien decidiese dedicar un poco de su valioso tiempo en leerse el titulo y quizás el resumen.

Luego, para sorpresa de todos resultó que los póster más llamativos y que casi todo el mundo recordaría por mucho tiempo fueron unos pocos que estaban hechos de una pieza, sobre papel fotográfico, impresos mediante plotters de gran formato. Eran carteles con un aspecto profesional impecable. La lástima es que (ahora lo veo) lo único nuevo que aportaban era el soporte, colores más brillantes y vivos. Pero la composición, el diseño, la disposición y el contenido eran muy similares a los que estaban al lado. Más tarde llegarían los que, queriendo ser originales, incluían una imagen de fondo, en ocasiones formando un mosaico, en ocasiones fundiéndose con el texto y gráficos del cartel.

De vuelta al presente, nos preguntabamos si alguien sería tan iluso como para llevar a un congreso sus valiosísimos resultados, toda la labor de su tesis o post-doc en un formato tan cutre. Y lo más importante, qué acogida tendría. ¿Se interesaría una audiencia tan erudita por algo que se presenta con un aspecto tan (aparentemente) descuidado? o por inesperado, ¿tendría más relevancia y llamaría más la atención?

En el polo opuesto, ¿sería ético utilizar las técnicas (y trucos) publicitarios que usan las compañías (por ejemplo farmaceuticas o de instrumentación) que concurren también a los congresos y demás reuniones científicas? y quizás también más importante, ¿sería eficaz?. ¿Y si en lugar de un cartel estático colocamos un panel LCD con un vídeo presentado nuestro mensaje?

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