Mucho se ha hablado de los problemas de Windows Vista desde su lanzamiento hasta su pronta defenestración, hoy ya post-traumática para suerte de Microsoft. Si se cumplen las espectativas, Windows 7, el nuevo sistema operativo de la compañía, debería paliar los males de un duro pasado cercano, el de los obligados downgrade hacia un XP más estable.

La maniobra de marketing en España ha sido excepcional, provocando el impacto en el centro del dolor, cual aspirina efervescente. El pequeño pueblo de Sietes, en Asturias, ha visto como sus calles se vestían de imagen corporativa Windows para asistir a la presentación de la nueva versión, camuflando el objetivo tras la anécdota. Y es que el nombre del pueblo o su número de habitantes, cuarenta y nueve (obviamente siete por siete) eran más una excusa rimbombante para la acción que, lejos de formar parte de la numerología, se fundamentaba en otras lides nada adivinatorias. Los asistentes a la presentación, algunos de los cuales confesaban no haber usado nunca un ordenador, pudieron transmitirnos lo sencillo y útil que parecía.

Presentación de Windows 7 en Sietes, Asturias

Presentación de Windows 7 en Sietes, Asturias

Quizá Microsoft, en vista del éxito de la campaña de Nintendo para Wii donde personas de todas las edades manejan la consola y disfrutan de ella, ha decidido atacar otros nichos de mercado, abarcando otros rangos de edad, pero probablemente haya sido una triquiñuela de comunicación para hacernos ver que los viejos tiempos ya se fueron, y que hoy tienen el deseo y el producto para volver al lugar que les corresponde.

Solo falta probar y ver que sucede, pero en su presentación han dejado una declaración de intenciones suficientemente sutil como para que los medios se hayan hecho eco de la anécdota, haciendo llegar al target real de Microsoft un mensaje rotundo.

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