La sabiduría convencional dice que una empresa debe orientarse al cliente: escucharle y responder a sus peticiones y expectativas. Y esto seguramente sirve para un cierto nivel de éxito, de rendimiento.

Pero quizá para hacer algo extraordinario hay que comportarse como un artista, haciendo lo que uno cree e inventando soluciones que los clientes no saben que necesitan. El riesgo de fracaso es mucho más alto, pero es difícil pasar a la historia siendo convencional.

Escrito en BAJO LA LINEA – Blog sobre marketing below-the-line

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