A ver les cuento resulta que uno aquí (en publicidad), tal vez como en cualquier otro medio, se encuentra con unos personajes, como decían las abuelitas, de padre y señor mío.

Yo a lo mejor, por el poco tiempo que llevo en el medio, estoy apenas familiarizándome con la mayoría (digamos que soy como un crío que acaba de ser soltado en la jauría) y continúo intentando encontrar el palo que mejor sombra da, pues a ese pienso arrimarme. Como saben (los que vienen siguiendo mi diario, no tan diario por cierto. Ahí perdonarán) yo soy de Cali, allá el medio publicitario es reducido, cuéntense: tres mutinacionales, algunas agencias locales y algunos talleres creativos. Esa es la selva publicitaria de mi ciudad. Yo,  no llegué a hacer parte de esa jauría (me vine directito para la selva madre), pero casi todos mis conocidos, si no todos, no corrieron con mi suerte. Algún cazador furtivo los arrastro a ese mundo, y son ellos los que con sus historias nutren el capítulo de hoy de mi diario.

En Cali se aprende mucho no me malinterpreten. Pero Bogotá es la plaza de plazas. Cali es el Pre-Icfes, Bogotá la Universidad. Lo que uno aprende en una no es realmente útil en la otra, pero igual se aprende.

Mis conocidos, cuyos nombres permanecerán ocultos (por mi bien, no el de ellos) trabajaron en las grandes: Ogilvy, Young & Rubicam y McCann. En Cali esas son las mases, las “mamases”. Y en ellas están los personajes que cruzan fronteras, los mitos y las leyendas cuyas voces aún se escuchan con miedo y temor en la selva asfáltica de Bogotá. Unos amados, otros odiados, pero todos al fin y al cabo: Creativos.

No he escuchado el primer mito de un Ejecutivo, siempre son los señores creativos. Tal vez porque dan más de que hablar o simplemente porque son los ejecutivos los que hablan de ellos, para no levantar rumores sobre ellos mismos. Unos por otros, unas por otras. Nadie tiene la verdad (ni siquiera yo que tengo el poder escribiendo este textico). La ley del universo creativo, la verdad es relativa, relativamente inexistente.

Por eso y con el ánimo de no aburrirlos, ya que divagando ando, voy a hablar de mi primer personaje, no quiero adentrarme mucho en el tema, pues no quiero levantar sospechas (temo por mi vida, ¡Si claro, pff!). Este no abunda mucho, esta más bien siempre a la cabeza (cubriéndola), es de fama nacional y ustedes y yo alguna vez nos hemos topado con él: El Director Creativo Eternit (¡sí!, así como las tejas), ese director creativo que perdura como si no le pasaran los años pero que todos sabemos su lucidez no es la misma, su transparencia nos hace dudar de su procedencia y sale más caro cambiarlo que acostumbrarse a la sombrita segura que nos ha regalado siempre. Ojalá alguien se entere de una promoción de esas de 2 x 1 en tejas Eternit y matamos dos pájaros de un solo tiro (si usted es uno de esos DC probablemente por la falta de lucidez, no entendió).

Luego está ese creativo cuyo honor más alto es ser el título de este capítulo: el Envidiosus Creativus. Los hay por montones, por centenares y millares. Es ese creativo que vive como frustrado con el universo y quiere que usted se sienta igual, cree que se las sabe todas y por naturaleza su frase predilecta es “yo pude hacerlo mejor” a lo que siempre se le antoja a uno esta famosa pregunta: y entonces, ¿por qué no lo hizo?… Y se muerde uno la lengua para no gritarle la respuesta que todos conocemos, porque probablemente a él no se le hubiera ocurrido.  Es ese creativo que sigue sin lograr llegar a la meca, sin pasar del pre-icfes a la universidad y su excusa es que Bogotá no es la plaza que está buscando (a quién cree que engaña, si se le va a estallar el correo de reenviar el portafolio). Es ese que por defecto siendo gráfico critica a los copy’s y viceversa. Ese que no ve más allá de sus narices porque de tanta envidia (y de rajar por la envidia) se le crecieron más las ñatas que a Pinocho. (Ahora no me digan resentida, si a usted le cae el guante pues me hace el favor y no me jode, solo vaya y le pide a su dupla que se lo chante).

Pero si usted se ha topado con uno de estos creativos, estará de acuerdo conmigo en que puede fácilmente ser reconocido. Es típico que tire indirectazos en las redes sociales (aunque para nadie es un secreto que es el demonio de la envidia exorcizando a través de su teclado), chicanea el más mínimo logro “hoy logré ir solo al baño, soy lo máximo me amo”, y no falta incluso que en su portafolio incluya algunas sandeces como “también tengo capacidades para desempeñarme como lo que no soy”. En esta industria nadie es una dupla completa. Todos son la mitad de algo y necesitan ser complementados. Eso no quiere decir que no se pueda ser “bueno” para todo, pero es mejor ser excelente en una sola cosa, que medio y medio. Así, no se empieza, nadie nace aprendido.

Y si usted es uno de esos creativos, si se sintió en algo identificado, favor deje vivir. Alégrese por el bien ajeno, nadie llega sin méritos a la grandeza, Superman no sería Superman sin el mérito de sus super poderes. Homero, no sería Simpson sin el mérito de su grandísima estupidez. Respete la meritocracia que así sea por palanca, porque es bonito/a, porque está bien conectado o porque tiene una suerte ni la hijuemadre, el creativo que está triunfando lo hace con su propia y única meritocracia. ¡Deje la envidia! (Si, lo dije, alguien tenía que hacerlo).

NOTA DEL AUTOR: Quiero aclarar que yo soy de esas cuyo correo está a dos reenvíos de estallar, pero me alegro (si, como no) por mis amigos y conocidos cuyos dones han sido exaltados con la belleza monetaria de un contrato a término indefinido. 

Por eso le pido a mis queridos personajes, sigan viviendo en el misticismo, desaparezcan en lo posible o regresen a sus cuevas.

A los talentos ocultos en la sucursal (muchos conocidos), animaos, no todo está perdido… Pero si deciden venirse a la capital, espérenme tantico, no vaya ser uno de ustedes me haga el quite, y después yo vaya por el desquite. Llevo más tiempo buscando acá que ustedes y esa es parte de mi meritocracia.

Muy buenas noches.

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